La paradoja del experto: por qué cuanto más sabes de algo, más difícil es explicarlo

paradoja del experto

Seguro que sabes muchísimo sobre un tema y, sin embargo, eres incapaz de explicarlo con claridad cuando alguien te pregunta. La paradoja del experto no consiste en que no sepas enseñar, sino en que tu propio conocimiento es un obstáculo para hacerlo.

Para una persona experta hay palabras, conceptos e ideas que resultan evidentes pero que, para otra, pueden ser la parte más difícil. Esta paradoja, de hecho, tiene un nombre en la psicología cognitiva: la maldición del conocimiento.

 

¿Por qué se produce la paradoja del experto?

Es igual que cuando tu padre te pregunta cómo usar el teléfono móvil. Tú te desesperas y él no entiende nada, pero sabes utilizarlo perfectamente. ¿por qué no eres capaz de explicárselo?

Es posible que digas “solo tienes que configurar esto y después hacer esto otro”. Para ti, que ya los conoces, esos pasos parecen sencillos, pero quizá te has comido cinco decisiones por el medio que esa persona ni sabe que existen.

El problema es que tu conocimiento previo te impide reconstruir fácilmente cómo piensa alguien que todavía no tiene dicho conocimiento. Por eso, una explicación que te resulta obvia es incomprensible para quien la recibe.

 

¿Qué es la “maldición del conocimiento”?

Es la dificultad para imaginar cómo es enfrentarse a una información cuando tú ya la conoces.

Uno de los estudios más conocidos sobre este fenómeno lo realizó la economista Elisabeth Newton en 1990:

  • Newton pidió a unas personas que marcaran con los nudillos sobre la mesa el ritmo de canciones conocidas, mientras otras intentaban adivinarlas.
  • Los “golpeadores” conocían perfectamente la canción que tenían en mente y para ellos, el ritmo incluía mentalmente la melodía y la letra.
  • Los oyentes, sin embargo, solo escuchaban una sucesión de golpes.

La diferencia se producía precisamente porque los “golpeadores” escuchaban mentalmente la canción mientras golpeaban la mesa, para ellos el ritmo era mucho más evidente de lo que realmente era.

 

El experto escucha una explicación diferente

El ejemplo anterior nos ayuda a entender la paradoja del experto. Cuando alguien ya tiene conocimientos sobre una materia, cada concepto está conectado con los demás. Un término puede activar automáticamente:

  • Significado
  • Causas
  • Consecuencias
  • Conceptos relacionados
  • Excepciones
  • Ejemplos
  • Experiencias anteriores

La persona que está aprendiendo todavía no tiene esa red de conexiones. Por eso, cuando la persona experta dice una palabra “sencilla”, puede estar pensando en diez cosas al mismo tiempo, pero el principiante solo está tratando de entender la primera.

 

Un problema muy extendido

La “maldición del conocimiento” afecta a cualquiera que intente explicar algo que domine: profesores, médicos, programadores, músicos, abogados… Este último ejemplo es muy habitual, seguro que te ha pasado: acudes a un bufete para consultar unas dudas y la persona utiliza expresiones jurídicas sin darse cuenta, expresiones que para ti no significan nada.

Si se te dan bien los idiomas, probablemente también te haya pasado esto: hablas perfectamente una lengua pero no eres capaz de explicar por qué una determinada construcción gramatical funciona de una manera concreta.

 

¿Y por qué los expertos olvidamos todos esos pasos intermedios?

En parte, por la automatización. Cuando aprendemos algo por primera vez, necesitamos prestar mucha atención a cada paso. Con la práctica, esos procesos se vuelven automáticos.

Un conductor experimentado, por ejemplo, no tiene que pensar conscientemente en cada movimiento para cambiar de marcha. Precisamente porque esas acciones se han automatizado, puede ser difícil explicarle a alguien que está aprendiendo cada una de las pequeñas decisiones que intervienen en ellas.

Lo mismo ocurre con el conocimiento: después de años utilizando una información, dejamos de percibirlo como algo que aprendimos y empieza a parecernos, simplemente, obvio.

 

Saber mucho no significa saber enseñarlo

También puede ocurrir esto, pues dominar una materia y saber transmitirla son dos habilidades distintas. Una persona experta puede conocer a la perfección una disciplina y, sin embargo, necesitar desarrollar estrategias para explicarla. 

Explicar bien implica volver atrás, justo lo contrario de lo que el conocimiento acumulado nos impulsa a hacer. Esto implica identificar qué sabe la otra persona y construir la explicación desde ahí.

También ayuda:

  • Evitar la jerga innecesaria
  • Explicar primero los conceptos básicos
  • Dividir procesos complejos en pasos
  • Utilizar ejemplos
  • Comprobar si la otra persona está entiendo la explicación

 

Explicar es ordenar lo que sabemos

Cuando intentamos explicar un concepto desde cero, descubrimos si realmente entendemos cómo funciona:

  • Podemos repetir una definición de memoria y tener dificultades para responder preguntas sencillas sobre ella. 
  • También podemos descubrir conexiones entre conceptos en las que no habíamos reparado. 

Por eso a muchas personas, hacer que explican algo (o explicárselo a alguien) les funciona como técnica de estudio. Además, al pensar en ejemplos o responder a preguntas, el propio experto reorganiza sus conocimientos.

 

La próxima vez que alguien te pregunte sobre tu expertise… 

Piensa en qué estás dando por sentado a la hora de explicárselo y por qué no te está entendiendo.

La paradoja del experto nos muestra que cuando una persona sabe mucho sobre un tema, es difícil que recuerde qué información tuvo que aprender para llegar hasta ahí.

Por eso, una buena explicación no es la que demuestra cuánto sabes, sino la que consigue que la otra persona recorra el camino que tú ya recorriste.

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